Lo que queda después de un concierto también puede tener una segunda vida.
OCESA y el México GP donaron dos mil árboles y cuatro toneladas de composta para apoyar el Programa de Reforestación Urbana 2026 de la Ciudad de México, una iniciativa que busca aumentar las áreas verdes y mejorar las condiciones ambientales en distintos puntos de la capital.
La aportación se integró a una jornada de plantación realizada el 8 de octubre en el Centro Histórico, en coordinación con la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México.
Dos mil nuevos árboles para la ciudad
La donación contempla especies adaptadas a distintas condiciones urbanas, entre ellas tepozán, tejocote, capulín, colorín, fresno, encino, palo dulce y tronadora.
No todas cumplen la misma función: algunas ofrecen alimento y refugio para aves e insectos, otras favorecen a los polinizadores y ciertas especies están mejor preparadas para resistir sequías o crecer en banquetas angostas.
La acción forma parte del programa capitalino que tiene como meta plantar un millón de árboles durante la actual administración, dando prioridad a zonas con menor cobertura vegetal y temperaturas más elevadas.
La composta viene de conciertos y festivales
Aquí está la parte interesante.
Las cuatro toneladas de composta utilizadas provienen de residuos orgánicos recuperados en conciertos y festivales organizados por OCESA.
En alianza con Hagamos Composta, los residuos son separados, recolectados y tratados hasta convertirse en material aprovechable para mejorar los suelos.
La composta ayuda a aportar nutrientes, conservar humedad y generar mejores condiciones para el desarrollo de árboles y plantas.
Es decir: parte de los residuos generados en un festival puede terminar meses después ayudando a crecer un árbol en la ciudad.
Eventos que dejan algo más que el escenario
La iniciativa forma parte de una estrategia de economía circular con la que se busca reducir el impacto generado por los grandes eventos y aprovechar materiales que normalmente terminarían como desperdicio.
Más allá de los conciertos, festivales o el propio Gran Premio de México, este tipo de proyectos abre una conversación interesante sobre qué ocurre después de que se apagan las luces y se desmonta el escenario.
En esta ocasión, la respuesta incluye dos mil árboles que comenzarán una historia completamente distinta en las calles de la Ciudad de México.



