Durante décadas, Lecumberri fue sinónimo de encierro.
El llamado Palacio Negro abrió sus puertas en 1900 como Penitenciaría del Distrito Federal y funcionó como cárcel durante 76 años. Hoy, el mismo edificio alberga al Archivo General de la Nación, en una de las reconversiones arquitectónicas más interesantes de la Ciudad de México.
Un edificio pensado para vigilar
Lecumberri fue diseñado bajo un esquema panóptico, un modelo penitenciario basado en la vigilancia desde un punto central hacia distintas crujías o brazos radiales.
El inmueble fue construido por el arquitecto Antonio Torres Torija y los ingenieros Antonio M. Anza y Miguel Quintana, tomando como referencia ideas desarrolladas previamente por Lorenzo de la Hidalga. Su geometría no era casual: buscaba facilitar el control visual y la organización interna de los internos mediante una distribución radial.
De cárcel temida a edificio en riesgo
Lecumberri cerró definitivamente como penitenciaría el 27 de agosto de 1976.
Tras su clausura, incluso se contempló la posibilidad de demolerlo, en parte por el deterioro del inmueble y por la fuerte carga simbólica que arrastraba tras décadas de violencia, corrupción y encarcelamiento de presos políticos. Gobierno de México
La demolición finalmente se evitó gracias a la intervención de historiadores y arquitectos que defendieron su valor histórico y arquitectónico.
Una segunda vida como Archivo General de la Nación
En 1977 se decidió que el antiguo penal se convertiría en la nueva sede del Archivo General de la Nación.
El arquitecto Jorge L. Medellín estuvo a cargo de la restauración y adecuación del conjunto, con un objetivo doble: conservar el valor histórico del edificio y adaptarlo a una función completamente distinta.
La transformación también incorporó áreas públicas y culturales, además de espacios capaces de recibir y resguardar el patrimonio documental del país.
Finalmente, el 27 de agosto de 1982, Lecumberri comenzó formalmente una nueva etapa como sede del Archivo General de la Nación.
Cuando la arquitectura cambia de significado
Eso es quizá lo más interesante de Lecumberri.
El edificio prácticamente pasó de controlar personas a proteger documentos.
Las mismas circulaciones, patios, torreones y crujías que alguna vez estuvieron vinculadas con el sistema penitenciario forman ahora parte de un espacio dedicado a preservar la memoria histórica de México.
Entre sus acervos se encuentran documentos fundamentales como el Acta de Independencia, la Constitución de 1917 y los Sentimientos de la Nación.
Lecumberri demuestra que conservar un edificio no significa congelarlo en el tiempo.
A veces, la mejor manera de preservar una arquitectura complicada es darle un nuevo uso capaz de resignificarla.



