El último gesto del día suele ser el mismo que el primero de la mañana: tomar el teléfono. Una noticia lleva a otra, llega un video, aparece un mensaje y el momento de acostarse se convierte en una extensión de la jornada.
Según una encuesta difundida por la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño en 2026, el 38% de los adultos estadounidenses consultados dijo que revisar noticias y asuntos de actualidad en el celular antes de dormir empeoraba su sueño. La encuesta describe respuestas en Estados Unidos; no es una medición de la población mexicana.
Recuperar el final del día
No hace falta diseñar una rutina perfecta. Puede bastar con bajar la intensidad de las luces, dejar preparado lo necesario para la mañana y dedicar un momento a una actividad que no demande respuestas inmediatas. Leer por placer, escuchar música tranquila o escribir algunas líneas son opciones distintas para personalidades distintas.
La Academia recomienda reducir el uso de dispositivos portátiles entre 30 y 60 minutos antes de acostarse. También sugiere establecer horarios regulares y evitar interrupciones innecesarias por notificaciones.
Un dormitorio menos conectado
Si el teléfono funciona como despertador, una solución puede ser dejarlo lejos de la cama o usar un reloj independiente. También ayuda elegir un sitio concreto para cargarlo, en vez de colocarlo sobre la almohada. La intención no es convertir la tecnología en enemiga, sino poner límites al momento en que queremos descansar.
Hay noches en las que una película o una conversación forman parte de la relajación. La idea no es obedecer una prohibición rígida, sino reconocer qué hábitos nos ayudan y cuáles alargan el día sin que lo disfrutemos.
Si existen dificultades persistentes para dormir, cambiar la rutina no sustituye una evaluación médica. Para la vida cotidiana, sin embargo, reservar algunos minutos lejos de la pantalla puede ser una manera amable de cerrar la jornada.
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Fotografía: Clay Banks / Unsplash.



